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Miel de Málaga.

 

           La Miel es una sustancia alimenticia producida por las abejas a partir del néctar de las flores o de secrecciones azucaradas procedentes de las plantas a las cuales añaden diversos fermentos y encimas existentes en su tubo digestivo.

 

          Las abejas depositan el producto de sus recolecciones en las celdillas de los paneles de cera, donde se produce la maduración de la miel por la transformación de los azúcares y la pérdida de la humedad.

 

          La miel es un producto natural que varía en su composición como consecuencia de la flora de origen, la zona, las condiciones climáticas, etc. Por ello no se puede hablar de "miel" sino de "mieles".

 

          Es un alimento energético de alta calidad para el desarrollo de los niños, el mantenimiento de los deportistas y también para su uso durante la tercera edad.

 

          Composición de la Miel.

          La composición media aproximada de la miel es:

  • Agua: 17%
  • Azúcares directamente asimilables por el organismo 70%
  • Otros azúcares 10%
  • Encimas, sales minerales, ácidos orgánicos, vitaminas B y C: 3
  • Con frecuencia se utiliza como sustituto de la azúcar debido a su menor aporte calórico (300 calorías por cada 100 gramos).

 

Cristalización de la Miel.

 

          Las mieles son perfectamente fluídas en el momento de su extracción, pero con el paso del tiempo tienden a cristalizar y solidificarse. Por efecto del calor puede presentar de nuevo su aspecto líquido.

 

          La provincia de Málaga con una situación privilegiadamente mediterránea, con altitudes que van desde el nivel del mar hasta los más de dos mil metros en la comarca de la Axarquía, posee una gran variedad de vegetación tanto de cultivos de vega como silvestre de montaña.

 

          Cultivos de cítricos, frutales, aguacates, bosques, monte bajo de todo tipo, romero, tomillo, cantueso, espliego, y un sinfín de plantas, llenan los suelos de nuestra provincia cada año con sus flores.

 

          Las abejas de nuestras colmenas, tras una laboriosa tarea recogen el néctar que estas flores segregan y lo llevan a su colmena, transformándolo en miel.

 

          Los apicultores recolectan las diferentes mieles y las ofrecen al consumidor con las máximas garantías de calidad.

 

 Historia de la Apicultura.  

 

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          El primer registro que documenta la relación de la humanidad con la miel es una pintura en la pared de la Cova de L'Aranya, en Bicorp, Valencia, de hace unos 9000 años, época en que los grupos humanos estaban formados por pequeños grupos de personas que emigraban por el territorio de un sitio a otro buscando los recursos de cada época.


           En esa pintura que comentamos representaron a una mujer y un muchacho con cestos, suspendidos de unas cuerdas en un barranco, recogiendo panales de una oquedad de la pared, y a las abejas volando alrededor de esa oquedad y de ellos.


           Para los griegos la miel era un producto importantísimo en su dieta, tienen multitud de platos y bebidas en los que interviene, y según su mitología era un alimento preferido por sus dioses. De esa época nos han llegado escritos importantes sobre el manejo de las colmenas y los usos de la miel.


           Más recientemente, la cultura hegemónica de nuestra zona fue la romana, que llegó a dominar toda la cuenca del Mediterráneo, al que llegaron a llamar "Mare nostrum" (nuestro mar).


           Los romanos admiraban profundamente la cultura griega clásica, y copiaron muchas cosas de ella, entre otras cosas la Apicultura y el uso de la miel y hasta importaban algunas mieles afamadas de determinadas zonas de Grecia. Y también importaban aceite y miel de la Bética, de Andalucía. De esa época nos han llegado igualmente libros de Apicultura publicados por escritores romanos famosos, libros de cocina, y representaciones de abejas y colmenas en bajorrelieves y otras obras de arte.


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           Antes de la llegada de los romanos a la Península Ibérica, los iberos, que se conocían en Andalucía (que entonces se llamaba Bética) como tartesios, ya producían miel para la exportación, que se sepa desde el siglo VI a.C.


           En excavaciones de sus asentamientos se han encontrado colmenas de cerámica exactamente iguales a las que aún se usan en algunas zonas del Norte de África, en antiguos colmenares de Baleares, en el Alentejo portugués y en las islas Azores. Y se han encontrado en diferentes países europeos los envases de cerámica que utilizaban para transportar la miel, los cálatos" (con restos del polen de la miel en el fondo y semillas de higos) en los que cabían entre 3,5 y 4 Kg. Muy probablemente llegaron allí a través de la red de comercio de las naves fenicias en principio, y posteriormente de las romanas que las sustituyeron.

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